
EL NIÑO QUE QUERÍA ALCANZAR LAS ESTRELLAS
Había una vez este niño que quería alcanzar las estrellas y para ello juntó a grandes personajes: un físico, a un ingeniero diseñador de cohetes, y a un astrónomo que teorizaba sobre el universo y les pidió que le ayudaran a lograrlo. Todos se emocionaron mucho porque pocas personas deciden emprender una jornada tan venturosa, y a decir verdad muchos de ellos querían también alcanzar las estrellas secretamente, y ahora que el niño les había pedido ayuda era su oportunidad de realizar sus sueños secretos.
Un día el astrónomo escuchó que el corredor le decía que el niño era un tonto soñador, que siempre que intentaba hacer sus sueños siempre fracasaba. Pues recordaba que un día el niño había pasado largas horas y días corriendo y saltando para intentar su hazaña sin lograrlo. Entonces el sueño del astrónomo se rompió al creer que el niño era un fracasado, pensando que entonces, muy probablemente su esfuerzo actual también sería infructífero.
Entonces el astrónomo lo abandonó, y los demás lo siguieron, dejando al niño solo con su sueño una vez más. Pero el niño, ahora tenía nuevos conocimientos, adquiridos de aquellos que lo abandonaron, que le dieron un nuevo impulso para comenzar de nuevo su proyecto. Se propuso construir por sí solo un cohete, pero no estuvo nunca solo, porque consiguió ayuda de otros que sabían hacer cosas pequeñas, como soldar, hacer materiales resistentes, hacer comidas que no se echen a perder, contar las estrellas, calcular distancias entre puntos, y muchas cosas pequeñas, que juntas eran todo lo que se necesitaba para lograr la gran hazaña, y así, reunió el trabajo de cientos de personas expertas en cosas pequeñas, que no sabían la grandeza que estaban construyendo. Todos, sin saberlo, contribuyeron a llevar al niño a las estrellas.
Un día el niño regresó de las estrellas para agradecer a todos los que le habían ayudado, y descubrió que ya había pasado mucho tiempo. La relatividad del tiempo hizo que los que se quedaron en la tierra envejecieran y murieran, pero le habían dejado un gran regalo: una escultura en el centro de su ciudad, era una copia de sí mismo, vestido de astronauta, y que en su pie decía: "Homenaje al niño que nos hizo ver más allá de nuestras pequeñeces, que nos enseñó a juntarnos para llegar lejos y alcanzar las estrellas, nuestras siguientes generaciones te estaremos por siempre agradecidos".

LA JOVEN QUE NO QUERÍA SER VISTA.
Había una vez una señorita que no quería que la voltearan a ver, sentía mucha vergüenza cuando era vista por la gente, y por eso no salía de casa y se ponía una gasa en su rostro cuando lo hacía. No tenía espejos, porque no quería sentir ni su propia mirada sobre sí misma. Estaba aterrada de ser tocada por cualquier mirada incluida la suya propia. No volteaba a ver a la gente por miedo a sentir las miradas de reciprocidad. Pero un día recibió debajo de su puerta un paquete. Era una fotografía de un chico joven, de ojos sonrientes, de mueca simpática, cabello brillante y nariz pequeña, no era guapo como los hombres de los anuncios de revistas, pero inspiraba una increíble alegría el simple hecho de verlo, nunca la había visto, al mirar sus ojos en la fotografía sintió un profundo calor en su pecho, un calor agradable y acogedor. Detrás de la foto decía "¿Me permites conocerte?" Por su miedo no pudo enfrentar la pregunta, escondió la foto debajo del tapete y se fue a esconder al baño.
Tiempo después, ella olvidó lo sucedido, pero recibió otro paquete igual bajo su puerta. Era otra foto del mismo joven, pero ahora frente a la foto estaba una nota que decía "Estoy afuera de tu puerta y tengo llave, no huyas, te quiero conocer". Ella quedó petrificada, simplemente se puso a llorar mientras escuchaba minutos después cómo se abría la puerta. Gritó y lloró con gran miedo. Mientras el joven se acercaba a ella. Ella se ocultaba tras los muebles, se tapaba su rostro con sus brazos y las cosas que encontraba cerca. Su debilidad le impedía defenderse ante la supuesta irrupción. El joven, con gran paciencia y cuidado se acercó a ella, casi acorralándola en una esquina. Simplemente puso una mano sobre la cabeza de la chica, y la otra sobre el brazo que tapaba su rostro. Los dedos recorrieron los cabellos y la piel del brazo, remojada en lágrimas. El calor de su tacto era tan grato que la joven se rindió al esfuerzo. Sin abrir los ojos sintió las manos del joven tocar su rostro humedecido, y caliente, inyectado de sangre, avergonzado. Así duraron largo rato, hasta que el chico solo dijo: "Gracias". Ella no abrió los ojos hasta que lo vió salir de la habitación.
Meses después del extraño suceso, recibió el periódico con un singular titular: "Escultor ciego triunfa con nueva escultura: Psique y Eros". El rostro de Psique era el de ella, el rostro de Eros era el de él.

EL VIEJO JOSÉ EL SOÑADOR
¿QUe pasó con José el soñador?
Sigue ostentando su capa multicolor
pero cree que su poder es el único
en este planeta
Su esperanza y su poder siguen iluminando
a muchos
Sus sueños han cristalizado, y sigue soñando
pero ahora es adulto y tiene miedos y debilidades
Ahora teme que la muerte termine con el cuento
multicolor.
Los que lo rodean lo cuidan y enaltecen.
Los que lo aman lo esperan y esperan la dosis diaria
de su sabiduría.
Los que no lo aman siguen critcando el color de su
capa.
"Qué ridículo" "A su edad" "Cree que es el único"
"no deja que nadie más interprete sueños"
Hay quienes no lo conocen y se maravillan con sus
obras simplemente.
José el soñador envejeció.
Ahora tiene ideas antiguas, aunque sus sueños son
atemporales. Tiene un nuevo rostro
El rostro de la supervivencia. Ese es su nuevo encanto.

EL NIÑO QUE QUERÍA LLEGAR ALTO
Había una vez un niño que quería llegar muy alto, más allá del cielo, y en su afán encontró primero en un trampolín en el que saltó tan alto como pudo, luego manejó un avión y logró volar más alto que las nubes, pero no era lo suficientemente alto para él. Finalmente, logró viajar en una nave espacial, con la que no sólo atravesó las nubes sino que dejó muy abajo todo su planeta y todo lo que quería superar. Al llegar tan lejos descubrió que otras personas, en otros mundos, en realidad lo veían bajar…
Un día, un hombre en una oración le dijo: “¿Porqué me has dado sólo un instante?, ha sido tan bello y ahora ha terminado”. El ángel deseó poder brindarle una gran experiencia, pero no podía.
Tiempo después, cuando el hombre tuvo una temporada de gran decaimiento, el angelito le concedió otro instante de alegría. Una circunstancia tan sencilla y bella que le arrancó lágrimas de alegría al desafortunado hombre, y desde ese instante de alegría, el corazón del hombre se llenó de luz y calor, permaneciendo ahí por mucho tiempo. El hombre utilizó esa inspiración para salir de su tristeza y logró triunfar, convirtiéndose luego en un hombre pleno y feliz que inspiró a muchas otras personas.
Había un arcángel, el cual era quien le concedió esa gran dicha al hombre. Éste arcángel le dijo al angelito: “Gracias a ti, he podido realizar mi trabajo, de otra forma, ese hombre nunca me lo hubiera permitido”. Entonces el angelito comprendió porqué las grandes montañas están hechas de granos de arena, y los grandes siglos están hechos de millones de fragmentos de segundos.El hombre que escuchó parte de la conversación en su mente supo que no hay que desperdiciar nada, por pequeño que parezca.
Si la conoces ¿no? ¡Claro! Es…













